
Chile tras las elecciones
¿qué implica para la cultura, las artes y los derechos sociales?
El resultado de las recientes elecciones presidenciales en Chile ha puesto sobre la mesa un giro político profundo. Que una figura como José Antonio Kast, con un recorrido claramente conservador y una relación simbólica con la tradición autoritaria de la derecha chilena, haya obtenido apoyo mayoritario no es un accidente técnico ni un dato menor: habla de tensiones sociales, de frustraciones, de miedos y también de desafíos urgentes para las políticas públicas del país.
Más allá de las palabras de campaña y de los discursos cuidadosamente medidos, existe una tradición política y cultural detrás de Kast y su espacio político que merece ser examinada con honestidad. Kast proviene del espectro político que se formó en los márgenes de la derecha tradicional —en parte alimentado por el legado del régimen de Augusto Pinochet y por corrientes ideológicas conservadoras— y que hoy articula un discurso reaccionario no solo en economía y seguridad, sino también en valores, rol del Estado y derechos sociales.
¿Qué riesgos concretos enfrentan la cultura y los derechos?
Desfinanciamiento y reconfiguración de la política cultural
El programa político de Kast muestra, en sus líneas sobre cultura, un enfoque que prioriza “infraestructura” por sobre el apoyo a la diversidad creativa o a las expresiones culturales emergentes. El plan de gobierno incluye medidas centradas en inversión física -como centros culturales o restauración de edificios- pero luce débil en cuanto a mecanismos para asegurar diversidad, participación ciudadana y equidad en el acceso a financiamiento cultural.
En un sistema donde ya es difícil competir por recursos, esta visión tecnocrática y dirigida puede terminar por consolidar privilegios culturales en unos pocos espacios o grupos, mientras que el resto queda marginado. El impacto no sería solo en artistas o gestores: sería en comunidades completas cuyo sentido de identidad y memoria se nutre de prácticas culturales propias.

Retroceso en derechos sociales y políticas identitarias
Kast ha sido crítico respecto a derechos reproductivos, matrimonio igualitario y leyes de identidad de género, y su trayectoria pública muestra posiciones conservadoras sobre diversidad sexual y cuestiones de género.
La cultura -en su sentido más amplio- incluye la manera en que convivimos con las diferencias, cómo representamos identidades diversas y cómo validamos la experiencia de quienes han sido históricamente marginados. Cuando un proyecto político coloca el acento en una visión homogénea de la sociedad o enfatiza «valores tradicionales» por encima de la pluralidad, las expresiones artísticas y culturales que hablan desde otras experiencias sociales quedan en riesgo de invisibilización o desfinanciamiento.
Patrimonio natural y comunitario bajo presión
Diversos centros de estudio han advertido que las políticas asociadas a la ultraderecha pueden implicar riesgos para la gobernanza ambiental y los ecosistemas, priorizando desregulación por sobre protección y participación ciudadana en decisiones territoriales.
La cultura chilena está íntimamente ligada al paisaje, al patrimonio natural y a la memoria ecológica de las comunidades. Cuando el enfoque de Estado prioriza el mercado y reduce los mecanismos comunitarios de participación, las voces locales pueden quedar sin defensa ante decisiones centralizadas que afectan territorios, prácticas tradicionales y saberes ancestrales.
Derechos colectivos y minorías
La evidencia académica internacional sugiere que cuando los gobiernos de derecha radical o extrema derecha ganan poder, tiende a surgir una mayor polarización cultural y disminuye la representación política de minorías, inmigrantes y grupos históricamente marginalizados. Aunque la relación causal es compleja y depende de muchos factores institucionales, la tendencia ha sido que los partidos de derecha dura promueven políticas de exclusión y retórica identitaria que pueden traducirse en menor protección social y cultural de minorías.
¿Qué podemos hacer como comunidad cultural?
Desde Súbete a La Vagoneta, creemos que el momento actual exige responsabilidad, creatividad y organización. Sin claudicar en nuestros valores, proponemos algunas líneas de acción que no dependen únicamente del gobierno:
- Crear y conectar: No solo resistir, sino construir plataformas de circulación cultural que acompañen a artistas, artesanos y públicos en sus territorios.
- Educar y narrar: Traducir el valor cultural a lenguaje ciudadano, explicar por qué pagar por cultura o preservar memoria no es gasto sino inversión colectiva.
- Redes solidarias: Articular circuitos de apoyo entre creadores, espacios independientes, organizaciones sociales y universidades para sostener una cultura plural y diversa.
- Participación ciudadana: Acompañar a comunidades en espacios de decisión local y regional para defender patrimonio, prácticas culturales y derechos colectivos.
- Audiencias críticas: La cultura no se sostiene solo con políticas públicas, sino con públicos que leen, asisten, escuchan y recomiendan.

Una invitación desde lo común
Chile hoy está en un punto de inflexión. El triunfo de un proyecto político con rasgos de extrema derecha representa un desafío real para la cultura y los derechos sociales. No por miedo, sino por responsabilidad democrática, la ciudadanía, los agentes culturales y los públicos debemos ser parte activa de la conversación.
No podemos resignarnos a que la cultura sea un lujo: la cultura es lo que nos hace humanos, lo que nos conecta con nuestros ancestros y con la diversidad de experiencias que constituyen nuestra sociedad.
Es tiempo de afirmar que una sociedad que cuida sus artes, su patrimonio, sus identidades diversas y sus relatos colectivos es una sociedad más justa, más unida y más resiliente.
La respuesta a los riesgos no está en negar realidades, sino en organizarnos para que ninguna voz quede fuera de la historia que todavía queda por escribir.




